![]() |
|
|
|
Reunión de amiguetes..-.Intercambio de pareja. Mis padres tienen una pequeña
casa de campo. Su vista a las montañas es espectacular,
y tiene piscina para refrescarse. Mi marido y yo no solemos ir,
siempre estamos muy ocupados, pero tengo las llaves por si acaso.
Justamente, ese verano decidimos ir, teníamos unos días
de vacaciones y nos iría bien descansar un poco. Pero cuando
llegamos, cargados de maletas y cansados del viaje, la casa ya
estaba habitada. Mi hermana mayor y su marido habían tenido
la misma idea que nosotros. Mi hermana y yo no nos hemos llevado
nunca bien. Ella es un poco mayor que yo, de adolescentes tuvimos
muchos problemas. Ahora que cada una está casada y que
hemos pasado la treintena, simplemente no nos tratamos. Sin embargo,
aunque no conozco mucho a su marido, éste me agrada. Es
un hombre alto, tiene unos años más que yo, es muy
agradable. Siempre tiene una palabra amable en mi presencia, es
caballeroso y atento con todo el mundo. Soy una persona muy sensible
y abierta, por lo que estas marcas de atención me resultan
atractivas. Por el contrario, mi marido se caracteriza por ser
serio y cerrado, en acorde con el carácter de mi sombría
hermana. Rendida, me dejé llevar
por unas sensaciones extrañas que recorrían mi cuerpo.
Los labios de mi cuñado empezaron a comerme lentamente
los pezones, provocándome un sinfín de sensaciones
contradictorias. Tenía ganas de gritar, de apartarle bruscamente,
pero por otro lado esas caricias expertas, que mi marido nunca
me había hecho, me hacían vibrar como nunca. Con
rabia, sentí que mojaba, al tiempo que mi sexo palpitante
se contraía de placer. Temblorosa, apreté los muslos,
para alargar esa sensación nueva. Él debió
notar mi cambio, pues de bruscas, sus caricias hábiles
se volvieron insinuantes. Inmóvil y cada vez más
expectante, fui notando como sus dedos rugosos recorrían
mi piel tierna, desde mi cuello frágil, pasando por mis
senos abultados, mi vientre, fue masajeando con atrevimiento mis
caderas redondas y mis muslos entreabiertos. Gemí débilmente,
y no reconocí esa voz gutural. Me retorcí suavemente
cuando sentí su mano insolente pasar por mi sexo, acariciándolo
por encima de mis bragas. Instintivamente, abrí las rodillas,
dejando su dedo penetrar en mi intimidad, empapada por mi propio
flujo abundante. Con la voz jadeante de mi marido como fondo,
fui dejando que un sinfín de emociones placenteras me invadieran.
Esos dedos experimentados, pasando sobre mi vulva mojada con caricias
osadas, me hacía suspirar largamente. Poco a poco, fui
ayudando sus gestos descarados con pequeñas sacudidas de
caderas frenéticas, mientras él rebuscaba en mi
interior con un vaivén indecente. Sofocante, me dejaba
invadir por una ola de placer. Mi sexo convulsionado me hacía
arder. Al oído, me animaba a disfrutar, sentía su
respiración entrecortada, excitado por nuestro placer.
Cuando no pude más, con una mano agitada, lo atraje hacía
mí. Se puso encima de mí, abrí los muslos
con impaciencia, y lo rodeé con mis piernas. Su dedo buscó
mi sexo y, apartando la tela húmeda de mis bragas, pude
sentir su miembro duro contra la piel tierna de mis labios hinchados.
De un empujón salvaje, lo tuve dentro de mí. Empezó
a sacudirme con fuerza, soplando y gimiendo. Yo, extasiada, daba
pequeñas sacudidas al ritmo de nuestro ardor, alentando
con voz encendida su fogosidad. Los jadeos cada vez más
profundos de mi marido me daban una idea de su placer, y me proporcionaban
un gozo desconcertante. Lo agarraba del pelo, con gestos desbordados,
gritaba mi deleite animal. Cuando sentí que no podía
más, me apreté con fuerza contra mi amante y, con
un último empujón brutal, nos liberamos. Me relajé
poco a poco, aliviada, y miré con emoción a ese
hombre sobre mí, capaz de proporcionarme un placer inigualable.
Aún podía sentir mi sexo palpitar. |
| Volver Intercambios |
| -.Pag.Principal Relatos Intercambios.- |